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6 feb. 2016

Plaga de orugas arrasa con bosque de pinos



Las altas temperaturas relativas del otoño e inicio del invierno han intensificado este año la proliferación y el impacto forestal de la procesionaria del pino (Thaumatopea pityocampa), un lepidóptero que está causando estragos en los bosques catalanes. “Este es el peor de los últimos años”, explica Jorge Heras, especialista de sanidad forestal de la Direcció General de Forests, que recibe estos días continuas llamadas (ayuntamientos, particulares…) alarmados ante los bolsones de orugas en los árboles y las molestias ocasionadas. 

Las orugas tienen en su último estadio unos pelos urticantes, que pueden causar molestias y daños a las personas alérgicas, y también afectar al ganado y a los animales domésticos.

Las altas temperaturas han hecho este año que hayan sobrevivido más orugas de lo normal. En sus primeras etapas (al principio de otoño), las larvas son más sensibles al frío. Pero como octubre, noviembre y diciembre han sido excepcionalmente benignos, eso ha hecho que hayan llegado a su último estadio muchos más individuos de lo habitual. El resultado es que la procesionaria se ha mostrado más voraz que nunca y haya provocado fuertes defoliaciones de los pinos, cuyas hojas les sirven de alimento. Las orugas viven entre octubre y febrero, y son especialmente activas en enero y febrero, cuando inician su camino en fila india para enterrarse a principios de marzo (de ahí, el nombre procesionaria), e iniciarse su fase de crisálida antes de hacerse mariposa.

Extensas bolsas de bosques catalanes muestran los típicos bolsones colgados de los árboles en los que agrupan las orugas (allí duermen de día y salen a comer al atardecer).

El año pasado resultaron afectadas en Catalunya 100.000 hectáreas de pinos (1.000 km2), de las cuales unas 10.000 ha sufrieron una grave incidencia. Por lo tanto, el 15% de los pinos se vieron atacados por esta plaga. (Los más propensos son el pino laricio y el pino silvestre, y menos el pino carrasco y el pino piñonero). La previsión es que este año la incidencia aún será mayor, aunque los daños definitivos se sabrán en marzo. Las comarcas pirenaicas están siendo, como el año pasado, las más afectadas; pero, además, el impacto se está dejand notar especialmente en el Berguedà, Solsonès y Moianès e incluso el Camp de Tarragona, entre otras.


(El riesgo de mortalidad de los árboles aumenta si los episodios masivos de procesionaria se repitan y se producen después de períodos continuados de sequía.) “Junto las altas temperaturas, la falta de gestión forestal está haciendo que en los últimos años, los árboles estén siendo más sensibles”, agrega Jorge Heras.

“Aunque es una plaga forestal, realmente estamos ante un problema de salud pública, por su fuerte incidencia en las personas”, dice Heras. Aunque no tiene efectos relevantes sobre la producción maderera, sí causa muchas interferencias a las personas: dificulta los trabajos silvícolas, condiciones las visitas al bosque de boletaires o cazadores, compromete los usos lúdicos del bosque y hace crecer las enfermedades en los perros domésticos.


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