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5 sept. 2015

Reflexión: El ejemplo de la zarigüeya



Un hombre salió a caminar un día por la mañana. Cuando avanzaba por el camino vio una zarigüeya que cargaba a sus tres crías sobre el lomo. Mientras la zarigüeya trotaba enérgicamente por la orilla de la cerca, el hombre avanzaba por el otro lado de la cerca, observándola con curiosidad. De repente, el animalito se detuvo y decidió cruzar la cerca. 

Luego cruzó el camino y se dirigió hacia unos manzanos que se encontraban al otro lado, y que estaban en plena cosecha. La madre continuó con sus crías hasta desaparecer entre la hierba alta.

Mientras el hombre observaba la zarigüeya encaminarse a su casa con sus crías en el lomo, se puso a meditar en que no es extraño que los animales cuiden así de sus crías. Probablemente, las tres crías eran una carga pesada para la zarigüeya. Para ella hubiera sido mucho más fácil caminar sola. Pero la señora zarigüeya ni siquiera pensó en dejar a sus criaturas al cuidado de la señora zorra mientras iba en búsqueda de manzanas.


¿No es precisamente lo contrario lo que muchos padres están haciendo hoy día? Dejan a sus hijos en manos de extraños que bien pudieran ser lobos vestidos con pieles de ovejas. Los padres no saben lo que sus hijos verán u oirán en su ausencia.

La señora zarigüeya estaba resuelta a que sus crías llegaran a casa consigo. No se desanimó por tanto peso. No permitió que las cercas o los peligros en el camino le impidieran avanzar. Nosotros también debemos estar resueltos a conducirá nuestros hijos a la casa, es decir, nuestro hogar celestial. ¿Habrá otro gozo mayor que pudieran tener los padres que el ver a sus hijos recibir la salvación que da Jesús y saber que están encaminándose hacia su hogar celestial?

Eli A. Yoder
Beside the Stil Water
Vol. 11 Issue 6

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere Viejo no se apartará de él.”



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