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30 sept. 2014

¡Revolución!


En 1979, el señor Fidel Castro ayudó a los mayas, y a otros en Guatemala, a conseguir armas. El Sr. Castro les enseñó a esos pueblos empobrecidos que los ricos los habían explotado, y que, por lo tanto, tenían todo el derecho de matar a esos vecinos ricos. Les enseñó que así podían volver a establecer la libertad y la justicia. El gobierno guatemalteco, el cual estaba respaldado por la CIA, reaccionó torturando y asesinando a las guerrillas. Había comenzado la guerra.


En Guatemala, montaña adentro, vivía Tomás Salvador y su familia. Pero Tomás no estaba del lado de las guerrillas. Tampoco estaba del lado del gobierno guatemalteco. Es decir, Tomás estaba del lado del Comandante Jesucristo, el gran revolucionario que enseña a sus seguidores a que siempre amen a sus enemigos y a que los traten bien.

Un día, en mayo de 1982, veinte guerrilleros llegaron a la casa de Tomás. Mientras los guerrilleros se lo llevaban consigo, él le dijo a su esposa: 2Antonia, asegúrate de criar a nuestros hijos para el Señor”.

Meses después, Antonia supo que las guerrillas habían obligado a Tomás a que cavara su propia tumba en un arroyo cerca del hogar de la familia Salvador. Ellos lo habían asesinado dándole un hachazo en la nuca.

Entre todo el odio y el enojo de la revolución de los años 80 en Guatemala, ¿por qué Tomás, y otros cristianos como él, prefirieron humildemente sufrir y morir antes que tomar las armas para salvar sus vidas y proteger a sus familias? Porque eran parte de otra revolución. ¡La revolución de Jesucristo! Él vino “para dar buenas nuevas a los pobres;…(…) a poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4.18). Y todo esto sin derramar ni una gota de sangre ajena. Hoy, Jesucristo sigue enviando a sus seguidores por todo el mundo para que propaguen esta doctrina tan revolucionaria.

Pocos minutos después de haber cavado su propia tumba, Tomás fue a vivir en casa del Comandante. ¡Misión terminada! Tomás fue a casa con honores. Ahora, en las moradas de su Comandante, Tomás descansa en paz. Allí gozará de justicia, felicidad y abundancia por toda la eternidad.

La revolución de Jesucristo, la cual da vida en lugar de quitarla, va conquistando, inevitablemente, todas las demás revoluciones de odio y matanza.

¿Quién es tu comandante? ¿A cuál revolución perteneces?

 

Samuel D. Coon

Boletín Informativo de Publicadora Lámpara y Luz Abril-mayo de 2014

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