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29 ago. 2014

Esperanza para no suicidarse

Esperanza para no quitarse la vida


El suicidio es una de las 20 causas más importantes de defunción en el mundo para cualquier rango de edad, con un millón de muertes cada año. Casos como el del famoso actor Robin Williams da muestra de que es un problema que va más allá del estatus económico o social de cualquier persona.
Los profesionales de la salud mental están de acuerdo en que las enfermedades mentales, principalmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol, el abuso de sustancias, la violencia, las sensaciones de pérdida y diversos entornos culturales y sociales constituyen importantes factores de riesgo de suicidio.

Los resultados muestran también que alrededor del 60% de las personas que luchan contra pensamientos o conductas suicidas no reciben ningún tipo de ayuda.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las estrategias más eficaces para prevenir el suicidio son la restricción del acceso a los medios de suicidio, como sustancias tóxicas y armas de fuego; la identificación y tratamiento de las personas que sufren trastornos mentales y consumo de sustancias; la mejora del acceso a los servicios de salud y la asistencia social; y la cobertura responsable de las noticias sobre suicidios en los medios.

COBERTURA MEDIÁTICA “A MEDIAS”
A pesar de que hay tantos casos, el suicidio es un tema tabú que los medios silencian por el llamado “efecto imitación”. Los familiares y personas que rodean a este problema no hablan de ello, pero muchos profesionales están trabajando para que esto cambie y poder dar la vuelta a las estadísticas.

Carmen Tejedor, psiquiatra, lleva más de 30 años investigando el suicidio. En 2006 implantó un programa que redujo en un 23% el reintento de suicidio en sus pacientes. Tejedor definía al suicida como aquel que “quiere poner fin a una situación que considera intolerable. Su sufrimiento puede estar causado por varios motivos: sentirse maltratado por la sociedad, anticipar desgracias, o el grupo más numeroso, el que quiere poner fin a su sufrimiento”.

LAS CAUSAS
El psicólogo Esteban Figueirido explica que el 90% de los casos tienen su causa en alguna enfermedad mental. El 10% que no está vinculado con ellas “llama la atención, aunque la realidad es que la persona, en el momento en que se suicida suele encontrarse en un estancamiento o deterioro psicológico importante”.

“Por la causa que sea, el afectado se encuentra en desequilibrio y el trasfondo es la desesperanza y la desesperación, entendiendo que quitarse la vida, para él o para ella, es el único camino que puede aliviar su dolor o resolver la situación en la que se encuentra. Así que esa decisión no es por enajenamiento mental, ni por un mero impulso, sino por ser la conclusión ‘racional’ a la que llega la persona”, explica Figueirido, presidente del Grupo de Psicólogos Evangélicos en España.

La doctora Tejedor afirmaba también que hay diferencias evidentes entre hombres y mujeres: “Las mujeres intentan suicidarse tres veces más que los hombres, sin embargo los hombres son los que finalmente consumen el suicidio más que las mujeres”, sigue explicando la doctora.

SE PUEDE PREVENIR
La buena noticia es que si este problema se reconoce como tal y deja de silenciarse, puede detectarse y trabajar con ello de forma más efectiva, provocando así que el número de personas que deciden quitarse la vida en nuestro país disminuya considerablemente.

El suicidio se puede prevenir. En España no existe un plan global de prevención de suicidio y cada hospital desarrolla cada plan de actuación.

Pese a que algunos familiares afectados por este problema creen que las ayudas son insuficientes o erróneas, profesionales del sector afirman que “el 70% de los reintentos de suicidio constituyen a todos aquellos que no hemos conseguido vincular a estos servicios de ayuda, por tanto tenemos un programa bastante eficaz”.

LOS MÁS AFECTADOS
Los adolescentes y los mayores de 65 años presentan la mayor tasa de suicidio consumado. En el caso de los mayores de 65 años, suele verse conectado con la soledad o enfermedad.

“Cuando una persona mayor dice ‘yo ya he hecho lo que tenía que hacer en la vida, soy una carga, por eso voy a suicidarme’, esta lucidez está tan desprovista de vida que es realmente muy poco libre”, dice Tejedor.

En el caso de los adolescentes esto sucede porque suelen tener más dificultades en la toma de decisiones. “Si les dotamos para aprender a dar múltiples soluciones posibles a un problema, seguramente no se planteen el suicidio como una opción”, explicaba Joaquim Puntí, psicólogo clínico juvenil.

El tener unas expectativas altas sobre algo concreto puede generarles un malestar emocional. Si a esto añadimos que el adolescente es alguien de carácter impulsivo y le sumamos una baja tolerancia a la frustración, empezará a realizar conductas negativas. Sin embargo, si a esta persona se le enseña que tiene más alternativas y opciones se puede reducir el riesgo de suicidio. “La idea es que los adolescentes se sientan más competentes a la hora de tomar decisiones.”

MANTENER LA ESPERANZA
Esteban Figueirido, psicólogo, afirmaba acerca del suicidio para Protestante Digital: “A mucha gente se le pasa por la cabeza, otros tienen intentos y algunos lo consiguen. Aunque no es una problemática nueva, es cierto que la situación económica que vivimos con todas sus consecuencias, hace que se vea el suicidio como una manera de salir de una situación insostenible”.

Sin embargo, el suicidio no sólo acontece por una situación de crisis económica, sino que se vincula más a una problemática más profunda. “No creo que sea la solución de raíz, decir que si restauramos nuestra situación económica haremos desaparecer o disminuir esa problemática. El problema tiene más fondo. Principalmente lo que las personas necesitan para no desear y menos ejecutar un suicidio, es tener esperanza”.

 

Fuentes: Agencia SINC, Protestante Digital

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