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18 dic. 2012

Un mensaje dentro de una botella - Reflexión



Desde una pequeña villa marinera de la costa atlántica gallega (España), el evangelio era llevado por la mar, no en la bodega de algún barco mercante, o sobre la mesilla o en la estantería de un camarote de clase turista, sino arrastrado por la corriente del Golfo y abandonado a la providencia divina. 

Unas sencillas botellas de vidrio, eran mecidas de aquí para allá, y empujadas por las corrientes marinas que las arrastraban hacia un incierto destino. Han pasado ya más de 25 años desde aquellos días en los cuales se le había ocurrido a mi amigo entregarlas a los marineros para que las lanzasen al mar desde su barco pesquero entre las islas de Sálvora y Ons, fuera de la Ría de Arosa, mar adentro.

El Señor había puesto en el corazón de Amador Mariño Rivas (1) la idea de lanzar botellas con pasajes bíblicos en su interior. A veces, Amador se acercaba a la hermosa playa de “A Lanzada”, o en algún otro lugar de la preciosa costa peninsular de O´Grove y lanzaba sus botellas cuando soplaba el recio viento del norte. En otras ocasiones, como ya he mencionado, se las entregaba dentro de un saco a algún marinero, que salía con su barco de pesca a fin de que las tirase en alta mar. Dentro llevaban juntamente con un 
mensaje bíblico, una dirección postal con el propósito de poder contactar, si alguien se topaba con alguna de ellas. 



Les decía, en el mismo, que por favor le indicasen el día y lugar de su aparición, y él por su parte se comprometía a enviarles un Nuevo Testamento. A Mariño, le sorprendió mucho una carta que recibió desde Tarazona, que no es puerto de mar. En ella unos jóvenes le decían que habían encontrado una botella en Valdoviño, cerca de Ferrol (La Coruña/España). Se la habían encontrado cuando viajaban por Galicia en furgoneta, y decidieron hacer una parada, y pasear por una de aquellas playas de blanca arena, salpicada por rocas graníticas aquí y allá y uno de esos bosques de pinos que amenazaba con invadir la mar. En su carta le expresaban su sorpresa y decían que se habían topado con ella por casualidad, a lo cual Mariño les respondió, que Dios les había guiado hasta ella, porque contenía un mensaje de su amor, para ellos y que 
quería que conociesen. Casualmente estos jóvenes de Tarazona conocían a D. Francisco Lacueva (sacerdote romano convertido al Evangelio), y Amador les envió también un libro escrito por éste ex-sacerdote titulado: “Mi camino de Damasco”. Después de aquellos primeros contactos, no supo más de ellos…

Pasaron muchos años, y para sorpresa suya en enero de 1999, recibió otra carta, esta vez desde Marruecos y escrita en Inglés. Después de traducida, descubrió que el remitente era un joven de 25 años que había encontrado otra de sus botellas, en una playa de Tarfaya (antiguo Sahara Español). La verdad es que hacía tiempo que ya se había olvidado de aquellas botellas, y no esperaba respuesta alguna después de haber pasado tanto tiempo. ¡Bueno!, se puso manos a la obra, y le envió un Nuevo Testamento en Inglés-Español como había prometido, así como algunos tratados evangelísticos en árabe. Deesta forma comenzó una relación entre ambos, que se mantienen hasta el día de hoy. Su nuevo amigo, le envió una copia de su documento de identidad, en la cual se hacía referencia a su origen, mencionando su pertenencia a una de las tribus del Norte Occidental del Sahara. Rhasid, pertenecía por lo tanto al pueblo Saharaui, aunque vivía en una zona ocupada militarmente por el Reino de Marruecos, después de la “Marcha Verde”, cuando los españoles fueron forzados a abandonar el Sahara Occidental, durante la agonía del dictador. Amador ha intentado durante estos años ayudarle en varias ocasiones, enviándole dos contratos de trabajo, lo cuales fueron rechazados en sendas ocasiones por las autoridades marroquíes. Supo más tarde de él de nuevo, cuando providencialmente un italiano que trabajaba para la compañía española de comunicaciones “Telefónica” se lo encontró en Tarfaya, y le invitó a su humilde choza, donde tenía una foto de Amador  junto a su familia. Este hombre le dijo que las condiciones en las que vivían eran muy precarias; dormían en 
el suelo, y la choza estaba cubierta por arena del desierto.

Amador Mariño no sabe si algún día tendrá la oportunidad de conocerle personalmente, debido a su edad, y a la distancia que les separa, pero aquella pequeña botella de vidrio lanzada al mar, hizo posible que las Buenas Nuevas de Dios, junto con su más sincera amistad llegaran a Rashid. ¡Hasta pronto, querido amigo! 

Que el Señor te bendiga. 

X. Manuel López Franco

(En La Calle Recta, Año XLIV, Núm. 231,  Julio - Agosto 2011)

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