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10 jun. 2012

Mi Abogado - Reflexión


Jeison entró en la sala del tribunal, con grilletes en los tobillos, vestido de uniforme de reo, y acompañado de un guardia. Yo no podía tragarme el nudo que se me formaba en la garganta al considerar el terrible contraste entre aquel hombre y el niño feliz que en el pasado jugaba en nuestra casa.

El juez leyó los cargos contra el imputado, los cuales eran muchos y muy graves. Después de cada uno, el juez hacía la pregunta: “¿Cómo se declara?” La respuesta fue la misma en cada caso: “Culpable”.
El hombre en ese momento se enfrentaba con la justicia y necesitaba misericordia. Sin duda, Dios sería misericordioso con aquel joven; así es Dios. Pero, ¿qué tal el juez? Su deber era aplicar la letra de la ley. Jeison necesitaba con urgencia un abogado, y lo halló en la persona de un anciano lleno de canas.

El abogado ni siquiera intentó refutar los delitos imputados a Jeison, pero sí pidió misericordia. El anciano hizo mención de la edad de Jeison, su deseo de recibir ayuda, la esposa que lo necesitaba en casa, los tres niños que Jeison debía mantener, y el hecho de que Jeison ya había aprendido muy bien la lección. El abogado se dirigió al juez: -Señor  Juez, yo no pido que mi cliente sea absuelto de estos cargos. Yo sólo pido que se compadezca de mi cliente y lo trate benignamente.

Hubo un silencio prolongado. El juez acomodó sus documentos, se frotó la frente, se tocó una oreja, y se aclaró la garganta. Al fin habló. Le advirtió a Jeison con toda severidad que nunca más en la vida lo quería ver frente a él y le dijo: - Le daré la pena mínima que dicta la ley.

Es probable que usted y yo nunca lleguemos a estar ante un juez en un tribunal terrenal. Pero un día, Jesucristo será el juez de todo el mundo. Los que han arreglado sus cuentas con Dios, y han sido justificados por la sangre de Cristo, encontrarán la entrada amplia y generosa (2 Pedro 1:11). Por permitir que Jesús sea nuestro abogado ahora, en aquel día él dirá: “Venid benditos de mi Padre” (Mateo 25:34). Es el único que nos puede otorgar el perdón que todos necesitamos.

Jerry Yoder
Beside the Still Waters  Vol. 11, Issue 3

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