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13 abr. 2012

¿Cree usted en lo invisible?


¿Lucha usted con creer en lo invisible? ¿Le parece tontería creer en cosas que nunca ha visto… cosas que ningún ser humano jamás haya visto? Por ejemplo, piense en el lugar llamado el cielo. ¿Ha visto alguna vez un lugar que pudiera ser el cielo? ¿Lo habrá visto su padre? ¿su abuelo?

Por lo que sabemos del cielo, se supone que está en algún lugar en el espacio infinito. Se supone que está lleno de luz. Pero el hombre, con telescopios de mucho aumento, ha atravesado millones de años luz a las extensiones lejanas del espacio, y nunca ha visto nada que indique que exista el cielo. Lo único que se ha visto es un espacio frío, oscuro, vacío y ocupado por millones de galaxias solitarias. ¿Por qué creer en lo que no se ve?

¿Qué del poder de la sangre de Jesucristo para limpiarnos del pecado? Con los documentos históricos que hoy disponemos, no es muy difícil creer que hubo un hombre llamado Jesús que vivió hace aproximadamente 2.000 años. Los documentos dicen que él fue crucificado por los romanos. No nos cuesta creer esto, ya que los romanos crucificaban a muchos. Pero, ¿qué del poder de la sangre de Jesús? ¿Habrá pruebas físicas de que nos puede limpiar del pecado? ¿Por qué, pues, creer lo que no se puede ver?
Los racionalistas, los llamados ateos, y otros incrédulos dicen que es un ridículo creer en lo invisible. Ellos se burlan de la idea de que un Dios invisible creara los cielos y la tierra de la nada. Se mofan del poder de la sangre de Jesús o de cualquier otro concepto “religioso”.

¿Será en verdad un ridículo creer en lo invisible? Los mismos científicos seculares lo hacen. Antes de haber visto el planeta Neptuno, los astrónomos ya sabían que existía. Se cree que hay “agujeros negros” en el universo que nunca se han visto. ¿Se ha visto alguna vez el viento? Nadie jamás duda de la existencia de las fuerzas de la gravedad y la presión atmosférica. Vivimos todos los días dependientes de esas fuerzas invisibles. En efecto, creer en lo invisible es tan común como la vida misma. Negar estas cosas sí sería un ridículo.


¿Cómo se sabe que existen estas cosas invisibles? Se sabe mayormente por observar los efectos de su existencia. Los astrónomos creyeron en la existencia de un planeta que nunca habían visto debido a la órbita irregular del planeta Urano. Sabían que tenía que haber otra masa más grande en órbita que producía tal fuerza de gravedad que el planeta Urano fuera afectado de esa manera. Es decir, aun cuando no podían ver a Neptuno, se observaba el efecto de su presencia. Es imposible ver los “agujeros negros”, ya que en teoría, tienen una fuerza de gravedad tan fuerte que ni aun la luz escapa de ellos. Sin embargo, algunos rayos X emitidos desde el espacio señalan su existencia. No podemos ver el viento, pero sí podemos ver lo que hace. Lo mismo con la gravedad. Sabemos que lo que sube tiene que bajar por fuerza de la gravedad. Aunque sabemos que la presión atmosférica que lo empuja hace mucho también. Cada vez que sorbemos un refresco con una pajilla, en realidad es la presión atmosférica que lo empuja hacia arriba.


En todos estos, aunque el objeto no se vea, claramente vemos los efectos de su existencia. De la misma manera, no podemos ver a Dios. Pero consideremos el mundo natural con su diseño y su orden. Piense en el ciclo del agua, el ciclo del oxígeno y dióxido de carbono y el ciclo del nitrógeno.


Piense en los 23° 27´ precisos de la inclinación de la tierra en su órbita alrededor del sol, nunca demasiado lejos del sol, y nunca demasiado cerca. Haga el contraste de los 1,4 billones de kilómetros cúbicos de agua que enriquecen nuestro planeta con la poquísima humedad congelada que hay en el planeta Marte. Compare la proporción perfecta de oxígeno y nitrógeno en la atmósfera del planeta Tierra con los gases asfixiantes y corrosivos en el planeta Júpiter. Estudie la función complicada de los oídos, los ojos, y la voz, evidencias irrefutables del diseño divino. La evidencia de un Creador divino abunda en la naturaleza.

¿Qué evidencia tengo yo de Jesús, el poder de su sangre, la salvación, el perdón del pecado, y una vida cambiada? Yo lo sé por lo que Jesús ha hecho por mí. Ya no llevo el pecado y la desesperación que antes cargaba. En su lugar tengo pureza y esperanza. Vivir para Dios ha cambiado lo que yo amo. El poder de la sangre de Jesús me ha hecho capaz de amar aun a mis enemigos. Mi espíritu me da testimonio de todo esto. Yo estoy convencido de que Jesús existe, debido a los resultados. Si los que no creen se burlan de mí, en realidad no cambia nada. Su vida da testimonio del vacío y de la confusión que sufre el que rechaza a Dios. De la misma manera, la vida del cristiano da testimonio de la paz y del contentamiento de que se entrega a Dios.
No ceda ante la incredulidad del corazón ni de los de su alrededor. Enfoque las evidencias del poder de Dios, el Ser Invisible, en la creación y en la vida del cristiano verdadero. ¡Las evidencias son irrefutables!

Kendall M. Miller
Reaching Out

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