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30 abr. 2011

Juan Pablo II, ¿Santo?


Para apartarme de las hagiografías oficiales abro este nuevo post sobre lo que supuso el pontificado de Juan Pablo II en los últimos 25 años.

Para mí, obviamente, no es el gran hombre que nos quieren dibujar, aunque para la Iglesia, y su sucesor, es algo mas que un gran hombre, es un Santo en construcción, un hombre ungido por la divinidad prácticamente.

Desde luego hay que reconocerle sus méritos. Fue un habil estratega y un político inteligente que supo, en todo momento, cuales fueron las necesidades de la institución a la que sirvió y sus resultados fueron notablemente satisfactorios.

No se si llegó a estudiar el Príncipe de Maquiavelo, aunque, de hecho bien que lo puso en práctica. Supo dar una de cal y otra de arena y, si puso en práctica una máxima fue esa: el fin justifica los medios.

Y, siendo el fin la pervivencia de la Iglesia y la aniquilación de su principal amenaza, el comunismo ateo, no dudó en llegar hasta las mismas alcantarillas y para ello puso en funcionamiento una oscura trama mafiosa-financiera entre el Banco Ambrosiano, Gelli, el Jefe de la Logia P2, el Opus Dei y la CIA encaminada a operaciones de blanqueo de dinero, bajo el conveniente sello del Vaticano para su desvío ulterior a la financiación de operaciones terroristas de la ultraderecha en latinoamérica y, en general, en todo el Tercer Mundo, dirigido por el entonces llamado Banquero de Dios, Monseñor Marcinkus.

El sospechoso "suicidio" del banquero Calvi apunta en dirección a la jerarquía eclesiástica y, en primer término, al Papa de la corrupción, Juan Pablo II. Igualmente, la sospechosa y repentina muerte de su antecesor en el cargo, Albino Luciani, apunta en dirección a Wojtyla y a los intereses que el mismo representaba.

Bajo Juan Pablo II el Opus alcanza la mayor proyección política de su historia. EL Opus Dei saca de la quiebra literalmente las finanzas vaticanas e interviene directamente en la financiación del sisdicato polaco Solidarnosc así como al hombre de Wojtyla en Polonia, Lech Walesa.

El Opus obtiene, como compensación, una prelatura personal del Vaticano así como la beatificación y canonización en tiempo record de su fundador. Aunque parezca una historia de emperadores romanos y la Iglesia, al fin y al cabo, es su heredera, ese Papa construye en torno suyo una guardia pretoriana formada por influyentes miembros del Opus Dei como Navarro Valls y Martínez Somalo que son los que diseñan los rasgos de su política.

No podemos pasar por alto, por supuesto, su amor a los dictadores ultraderechistas y aquí lo vemos en plena compenetración con Augusto Pinochet.


Sobre las alcantarillas nos encontramos con la otra proyección de Juan Pablo II, la de un Papa populista que conoce todos los resortes del histrionismo (de algo había de servirle su antigua afición al teatro) y la venta pública de su imagen.


Juan Pablo II se da cuenta muy pronto que un frente olvidado por sus antecesores y del cual podía obtener una amplia ventaja política es el de la superstición y la santería. La política de canonizaciones, paralizada por su antecesor Pablo VI, se reactiva nuevamente. Incluso los requisitos para la beatificación y canonización se flexibilizan y simplifican.

Bajo su pontificado celebra 147 ceremonias de beatificación donde proclama 1.338 beatosy 51 ceremonias de canonización, con un total de 482 santos, es decir, como para llenar varios almanaques. Pone sus miras en la Guerra Civil española donde encuentra un buen filón y, por supuesto, mira hacia Latinoamérica.

Descubre que en Latinoamérica amenaza, desde las filas del propio catolicismo, la Teología de la Liberación, que pronto se encarga de condenar, reduciendo al silencio a Boff e incluso recibiendo de malos modos a Monseñor Romero de El Salvador, para el un aliado objetivo del comunismo en un momento en que toda su actividad estaba dirigida a derrotar el diablo rojo en su Polonia natal.

La otra amenaza que se cierne desde América Latina es la del protestantismo evangélico, que pronto obtiene su hegemonía en regiones como Guatemala y que poco a poco tiende a desplazar el predominio católico. Necesita como sea reactivar la santería y la superstición popular.

Para ello llega al punto de canonizar a alguien que nunca existió como al indio Juan Diego, hipotético primer visionario de la Virgen de Guadalupe en plena conquista de América y fomenta como ninguno el folklore religioso. Aquí mismo en España, sin ir mas lejos, visita la Aldea del Rocío bendiciendo esa orgía de señoritos andaluces a la que llaman Romería del Rocío.

Visita a la anticomunista Virgen de nuestro país vecino así como a la otra Virgen curanderá del Sur de Francia, recobrando así las tradicionales señas de identidad del catolicismo: la veneración mariana.

EN este curioso contexto de santificación de la superstición y la superchería y en su peculiar y maquiavélica política de dar una de cal y otra de arena se atreve a rehabilitar a Galileo Galilei (como si le sirviera de algo) así como a apuntarse, aunque con condiciones, naturalmente, a la vanguardia de la ciencia y la tecnología, no sin antes condenar con rotundidad la investigación en clonación terapéutica, embriología, etc.

¿Fue un Papa progresista, un papa innovador, un reaccionario?
Ni una cosa ni otra. Fue, simplemente, un Papa, un digno sucesor del Imperio Romano, de las intrigas de la Casa Imperial, de las camarilas, de las conspiraciones, de los envenenamientos, fue un digno sucesor de otros que calzaron las llamadas "sandalias del pescador", como el Papa Borgia.

Como buen emperador, se montaba sus circos mediáticos con baños de multitudes, donde era aclamado por la plebe.

Como buen emperador, fue maestro de la intriga, de la conspiración y del manejo de los resortes que le aseguraban la perpetuación en el poder.

Cambió la Curia y la hizo a su imagen y semejanza y la familia opusdeísta fue encumbrada como nunca, a la par que machacó a sus grandes enemigos externos, la europa comunista y machacó a sus enemigos internos, jesuitas y defensores de la Teología de la Liberación.

Fue, como se dice, un Papa de nuestro tiempo: saneó las cuentas vaticanas mediante operaciones oscuras en las que se involucraban la mafia italiana, la Cosa Nostra italoamericana, la masonería de la Logia P2 y la CIA a la par que entregaba el poder al todopoderoso Opus Dei.

Albino Luciani y su deseo de limpiar la cloaca vaticana pasó a la historia para siempre. (incursiones.blogia.com)

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